Vivo con dolor crónico debido a una osteoartrosis lumbar. Estos son apuntes de mi diario que podría convertir en libro un día.
jueves, 23 de abril de 2015
miércoles, 22 de abril de 2015
martes, 21 de abril de 2015
Enyesada
Feliz de haber obtenido una respuesta diferente a mi última consulta con el especialista de columna, estoy lejos de sospechar que me llevará una semana concretar la orden.
La funcionaria que consulto no conoce al enfermero que me hará el yeso y luego de varias averiguaciones y horas más tarde, debo volver a casa sin haber logrado siquiera coordinar mi próximo viaje con el enfermero. Un amigo en Melo logra ubicarlo y me concreta una reunión pero viajo apenas para descubrir que debo hacer dos días de dieta, traer ropa apropiada y volver otro día.
El viernes viajé a Melo para que, al fin, me coloquen el corsé de yeso. Llevo una blusa blanca sin mangas de algodón y ajustada al cuerpo tal como me indicó el enfermero para que quede bajo el yeso, y una pollera larga y ancha con elástico en la cintura. Cuando me hace pasar a la sala de traumatología me va explicando los pasos. Debo acostarme entre dos camillas de modo que mi torso quede suspendido en el aire y mi cuerpo apoyado en el final de mis caderas y mis hombros. Para lograrlo hay todo un método que el enfermero conoce bien. Con el torso al aire procede a fajarme y poner camadas de yeso. Aunque no es una posición cómoda, no siento más dolor del acostumbrado y acaba en seguida. Me ayuda a ponerme de pie y espero que la habitación acabe de girar.
Ahora viene lo más difícil. El yeso secará totalmente en dos o tres días pero durante unas seis horas debo evitar sentarme y dormir en posición semivertical hasta que seque completamente. Me siento más que preocupada. Mi amigo me ofreció su casa pero me preocupa no poder realizar acciones íntimas como ir al baño sin ayuda. Sé que su oferta es generosa pero mi amigo es hombre y hay cierta dignidad que no estoy dispuesta a perder.
En su casa improvisamos con almohadas un lugar donde pueda recostarme y descansar. El yeso pesa. Enseguida descubro que, como temía, ir al baño a orinar y bajarme la ropa interior es una tarea hercúlea y decido aceptar la oferta de la amiga que ofreció ir a buscarme en su auto.
Re-Sentimiento
Es temprano en la mañana. Hace una hora que estoy despierta pero gasté media en reorganizar mis sueños-pesadillas de tramadol y renguear hasta el baño. De regreso a la cama tomé mi protector gástrico y estoy esperando los veinte minutos necesarios para que haga efecto y pueda volver a levantarme a prepararme el desayuno.
Ella llega como un torbellino, abriendo la puerta hacia atrás, rezongando con los perros, abriendo ventanas y quejándose de algo, la vida, los vecinos, la juventud actual o el calor. Yo no pasé del buen día y solo la observo. Cuando me pregunta si puede abrir las ventanas y le digo que ya están abiertas. No, los vidrios, me aclara. Y, claro, yo ya sabía a qué se refería.
Entre la gente de campo existe la creencia de que el aire de la mañana es purificador y bueno para la salud por lo que es la hora preferida para ventilar las casas. Pero la experiencia me dice que contiene un grado alto de humedad que empeora el dolor de columna, así que le gruño la explicación a mi madre.
La gente con tanta energía y buen humor de mañana tan temprano me pone de mal humor. Ni pensar en abrir las ventanas.
Mientras ella se mueve de aquí para allá arreglando cosas, lavando y limpiando a la vez que me cuenta de sus paseos o algún chisme del barrio, yo recuerdo mi sueño más recurrente de los últimos meses donde siempre estoy, peleando y discutiendo con mi madre.
Me levanto a prepararme el desayuno y chocamos en la cocina. Yo me "arrastro" y ella "revolotea". Trato de apartarme rápido de su camino porque siento que la molesto, pero chocamos porque hay poco espacio y porque ella es tan enérgica que no puede esperar a que yo termine lo que he venido a hacer y ella pueda continuar su tarea tranquila.
En algún momento me doy cuenta que no sólo el sueño es recurrente, que esta es una escena que repetimos con frecuencia y entreveo su significado. Me ha costado mucho comprender el sentimiento que me mueve porque es contradictorio y egoísta y quien sabe qué más: me siento resentida por su vitalidad. Tiene casi veinte años más que yo, se va a los bailes, a todos los festivales que hay en los alrededores, vive recibiendo invitaciones a cumpleaños y fiestas por aquí y por allá, no tiene ninguna enfermedad crónica además del quejismo y hasta ha cambiado de novio más que yo en los últimos dos años... Eureka! No me siento mejor persona cuando lo resuelvo pero sí más aliviada. Tal vez ahora que sé qué motivó mis sueños, no vuelvan a repetirse.
Ella llega como un torbellino, abriendo la puerta hacia atrás, rezongando con los perros, abriendo ventanas y quejándose de algo, la vida, los vecinos, la juventud actual o el calor. Yo no pasé del buen día y solo la observo. Cuando me pregunta si puede abrir las ventanas y le digo que ya están abiertas. No, los vidrios, me aclara. Y, claro, yo ya sabía a qué se refería.
Entre la gente de campo existe la creencia de que el aire de la mañana es purificador y bueno para la salud por lo que es la hora preferida para ventilar las casas. Pero la experiencia me dice que contiene un grado alto de humedad que empeora el dolor de columna, así que le gruño la explicación a mi madre.
La gente con tanta energía y buen humor de mañana tan temprano me pone de mal humor. Ni pensar en abrir las ventanas.
Mientras ella se mueve de aquí para allá arreglando cosas, lavando y limpiando a la vez que me cuenta de sus paseos o algún chisme del barrio, yo recuerdo mi sueño más recurrente de los últimos meses donde siempre estoy, peleando y discutiendo con mi madre.
Me levanto a prepararme el desayuno y chocamos en la cocina. Yo me "arrastro" y ella "revolotea". Trato de apartarme rápido de su camino porque siento que la molesto, pero chocamos porque hay poco espacio y porque ella es tan enérgica que no puede esperar a que yo termine lo que he venido a hacer y ella pueda continuar su tarea tranquila.
En algún momento me doy cuenta que no sólo el sueño es recurrente, que esta es una escena que repetimos con frecuencia y entreveo su significado. Me ha costado mucho comprender el sentimiento que me mueve porque es contradictorio y egoísta y quien sabe qué más: me siento resentida por su vitalidad. Tiene casi veinte años más que yo, se va a los bailes, a todos los festivales que hay en los alrededores, vive recibiendo invitaciones a cumpleaños y fiestas por aquí y por allá, no tiene ninguna enfermedad crónica además del quejismo y hasta ha cambiado de novio más que yo en los últimos dos años... Eureka! No me siento mejor persona cuando lo resuelvo pero sí más aliviada. Tal vez ahora que sé qué motivó mis sueños, no vuelvan a repetirse.
viernes, 17 de abril de 2015
Sola
Anoto que debo recordar, de ahora en adelante, preguntarle ala doctor de turno que ne esté tratando si el procedimiento médico que me indica puede llevarse a cabo siendo yo una persona que vive sola. Todos dan por sentado que el paciente vive con otra persona o concurre acompañado a consulta Y no prevén una situación en que la persona sé encuentre sola o viva sola. Y eso me ha indignado un poco. Así que creo que debo cambiar mi plan en el servicio de compañía que pago. Porque si antes aún me restaba la ilusión de que, en caso de extrema necesidad, podría tener a alguien de mi familia que me acompañara, eso se acabó anoche con apenas un llamado telefónico.
Vértigo
Consulté a un neurólogo por el vértigo que regresa a cada cambio de estación o de temperatura. Descartó que se deba a la patología de columna. Me dijo que mi problema es más bien a nivel de huesos lo que, supongo, significa que mi patología no es para su especialidad. Las causas del vértigo, entonces, no serían la patología de columna sino un problema en mi oído interno qué yo ya conocía por un audiograma que me hicieron hace unos años. Estoy segura que el traumatólogo que veré el lunes no estará de acuerdo. Esto es algo que también he descubierto sobre los médicos especialistas: no se ponen de acuerdo entre sí y por más argumentos que esgrimen no sabes a cuál creerle.
viernes, 10 de abril de 2015
Mucho más que una consulta
Tengo consulta en Melo con especialista de columna. En mi ticket está marcada a las 11 de la mañana. Dos horas después, los más nuevos se quejan y uno va a pedir que llamen al doctor. Una mujer que está internada se paseó un rato por el corredor con el suero en la mano pero volvió enseguida a su cuarto. "EL doctor está en camino", nos avisan. "En camino" resulta ser media hora y dos minutos después. Yo ya he cambiado de posición unas 15 veces en el asiento y comienzo a mirar el piso con cariño. Me da asco. Tiene una costra de otro color contra la pared. Tengo el número 5 y entro enseguida. Momento de ser firme, Viviana.
Tengo el discurso preparado. Estás con dolor? A ver donde te duele? Se levanta y me examina los puntos de dolor. Te hago otro bloqueo esta tarde, querés? Discúlpame pero usted ya me hecho ocho, los dos últimos no funcionaron, el último me dejó dos meses en cama. Ah, pero hay diferentes tipos de bloqueo. Te hago uno entre la cuarta y la quinta (y por segunda ves lo veo mirar el informe de mi resonancia). Me mantengo firme, no quiero más bloqueos. Quiero probar otros tratamientos, ese ya no sirve. Empieza con el discurso de cirugía no y encierra con lapicero en el informe los discos más dañados, el L4 y L5. Ya te hicieron yeso? No, nunca. Sé, pero no por él, que es el paso previo para ver si una cirugía funcionaría en tu caso. Si eso te alivia, entonces la cirugía también. Sugiere la posibilidad de una cirugía no tan invasiva, donde tan solo se cambie los discos más gastados. Me entusiasmo. Entonces me da la orden para que fulano de tal, nombre y apellido, me haga en yeso. El lunes vení, me dice. Salgo contenta a preguntar dónde encuentro el lunes al señor que me indicaron... y entonces comienza la segunda parte de odisea.
Tengo el discurso preparado. Estás con dolor? A ver donde te duele? Se levanta y me examina los puntos de dolor. Te hago otro bloqueo esta tarde, querés? Discúlpame pero usted ya me hecho ocho, los dos últimos no funcionaron, el último me dejó dos meses en cama. Ah, pero hay diferentes tipos de bloqueo. Te hago uno entre la cuarta y la quinta (y por segunda ves lo veo mirar el informe de mi resonancia). Me mantengo firme, no quiero más bloqueos. Quiero probar otros tratamientos, ese ya no sirve. Empieza con el discurso de cirugía no y encierra con lapicero en el informe los discos más dañados, el L4 y L5. Ya te hicieron yeso? No, nunca. Sé, pero no por él, que es el paso previo para ver si una cirugía funcionaría en tu caso. Si eso te alivia, entonces la cirugía también. Sugiere la posibilidad de una cirugía no tan invasiva, donde tan solo se cambie los discos más gastados. Me entusiasmo. Entonces me da la orden para que fulano de tal, nombre y apellido, me haga en yeso. El lunes vení, me dice. Salgo contenta a preguntar dónde encuentro el lunes al señor que me indicaron... y entonces comienza la segunda parte de odisea.
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