Se acercó a saludarme como si me hubiera visto el día anterior. Me reconoció como paciente y preguntó por mi salud. El desconcierto me invadió junto a una secreta molestia que provenía de un viejo resentimiento por este doctor. Hace casi cinco años, cuando aun estaba buscando un profesional que diagnosticara mi artrosis, este hombre me envió a Melo con un pase que recomendaba un análisis psicológico de mi caso por sospecha de depresión. Aun me recuerdo sentada en una silla de ruedas esperando el vehículo que haría el traslado, muerta de dolor, y la angustia que sentía porque el doctor que me había tratado hasta entonces me creía una loca fantasiosa. Ahora esa misma persona estaba frente a mí, como si nada hubiera pasado mientras yo recordaba las veces que me había imaginado resfregándole los estudios que mostraban mi patología de columna y diciéndole que se había equivocado conmigo. ¡Usted se equivocó, doctor, se e-qui-vo-có!
Pero cinco años después, contesto las preguntas con calma mientras me pregunto quién le ha hablado de mí (su novia, mi doctor de referencia, una amiga que es su paciente) porque no me hago ilusiones de que me recuerde después de tanto tiempo. Me recrimino la vacilación en mi voz cuando me pregunta qué especialista me está tratando (ninguno en este momento) y me dice: "¿tiraste la toalla?" Con una carga de ironía que tal vez no esté ahí pero que yo imagino bien presente.
La charla concluye con una invitación a que participe en un grupo de meditación que está formando porque puede que me haga bien. Es probable, doctor, es probable. Pero no con usted. La confianza sólo puede perderse una vez.
Vivo con dolor crónico debido a una osteoartrosis lumbar. Estos son apuntes de mi diario que podría convertir en libro un día.
sábado, 18 de octubre de 2014
viernes, 17 de octubre de 2014
Terminando la semana
Hoy fue uno de esos días en que el sufrimiento se filtró a través de las horas con cuentagotas. Esa molestia persistente agota la energía y altera el humor. Finalizar el día fue un alivio de no más tener que contestar que estoy bien cuando no me siento así. Pero debo reconocer que no fue una de mis peores semanas: logré lo que me propuse, trabajarla sin tener que solicitar otra licencia médica.
Retomo este diario...
Retomo este diario luego de meses de inactividad e inseguridad en cuanto a su propósito y, aunque la idea no es original, mantengo el objetivo de compartir vivencias con personas que vivan una experiencia semejante, dar a conocer lo que significa vivir con esta patología y servir como proceso curativo a su autora.
Es la madrugada de este viernes, me desperté con dolor y no pude volver a dormir. Debo comer algo, medicarme e intentar dormir una hora más. Me propuse terminar esta semana sin tener que tomar otra licencia médica y quiero cumplirlo.
Es la madrugada de este viernes, me desperté con dolor y no pude volver a dormir. Debo comer algo, medicarme e intentar dormir una hora más. Me propuse terminar esta semana sin tener que tomar otra licencia médica y quiero cumplirlo.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Llevo conmigo...
Llevo conmigo mi propia prisión de carne y huesos, la llevo
quietecita y acunada en brazos, como un niño pequeño y frágil, demasiado frágil para cuidarse solo. Llevo conmigo la fuerza vital que lo acuna y la conciencia permanente de la soledad de mi encierro involuntario. Nadie tiene que saber cuánto de esa fuerza es necesaria para hacerme salir de la cama en las mañana o regresar a ella por las noches en mi tortuoso caminar. Nadie tiene porqué saberlo. Es mío, lente con la que veo el mundo, sabiduría en gotas de sangre que voy cobrando día a día. Y hay mucho de soberbia en esa postura autosuficiente de ser esclava en mi propio mundo. Lo sé. Lo vivo.
jueves, 25 de julio de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
Lo que los médicos no te cuentan...
Hoy fue muy difícil comer. Las náuseas no desaparecieron ni cuando tomé la domperidona (fármaco utilizado para evitar vómitos y náuseas de origen diversa) y me obligué a ingerir la comida. Este es uno de los efectos secundarios que los médicos no te cuentan que puedes manifestar cuando te hacen un bloqueo lumbar. Como no es el primero, ya sabía lo que me esperaba y estaba preparada pero lo aprendí del peor modo posible: sufriéndolo. Otro efecto posible, y que tampoco te cuentan, es la inmunosupresión (lo que se llama vulgarmente "bajas defensas!") y la anemia. He oído relatos que asustan de mis compañeras en la sala de espera al block quirúrgico donde te hacen los bloqueos pero como no los he vivido, no los repito. Los tres que menciono son los que he padecido yo. Por eso, ya no le pregunto al traumatólogo cuántos días de reposo debo guardar luego del procedimiento porque me dirá que puedo trabajar y hacer vida normal luego de 48 horas. La realidad es que no te conviene salir de la cama antes de tres días y ni pensar en trabajar antes de una semana. ¿Cómo lo sé? Del mismo modo: sufriéndolo. Lo que sucede es muy sencillo: no sabes qué es exactamente lo que te inyectan. Las sustancias químicas que componen el coctel no constan ni en el informe que hace el especialista del procedimiento. Se sabe apenas que es una mezcla de antiinflamatorios, analgésicos y cortisona. Este es mi sexto bloqueo lumbar y me llevó 48 horas aliviar el dolor de la infiltración. Cuatro días después, recién logro salir de la cama y no permanezco mucho rato de pie... ¿Ir a trabajar? Solo en mis sueños. He salido a ver a mi médico de cabecera y a comprar comida cuando me lleva algún amigo en su vehículo. La frustración me corroe. Quiero caminar, quiero aire libre, ir de compras a las tiendas, ver gente, en fin... vida normal. Pero he vuelto dolorida de mis salidas cortas y sé a qué me arriesgo si quiero hacer algún paseo con más tiempo disponible: a pescarme algún virus que esté pasando a dos cuadras... Por supuesto, eso depende de cada organismo, dicen... Tal vez el mío sea muy sensible, o como se dice en mi familia, yo sea demasiado "jodida".
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