Para mí, el infierno de cada mañana es el momento de levantarme para ir a trabajar. Contrario a muchos, mi día más es aquel en que me despierto sin dolor, logró darme vuelta en la cama sin sentir mi tronco rígido y poder caminar hasta el baño sin que parezca que me apuñalan en la zona de las caderas. Aún si el dolor comienza a manifestarse cuando estoy en clase, ya estoy en un salón rodeada de personitas ruidosas y llenas de vida. Y poder acompañarlas es un privilegio, aun con dolor.
Hoy no fue uno de esos días...
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