domingo, 19 de octubre de 2014

El poder de una balanza personal

    Ayer me compré una balanza personal.  Desde que la que tenía se rompió no había vuelto a controlar mi peso. Gran error: la balanza acusa 80 kilos.  Nunca había pesado 80 kilos.  ¿Cómo pudo suceder sin que me diera cuenta? 
    Antes... de todo esto,  yo era una persona activa. Iba a todos lados en bicicleta y caminaba mucho. Hasta encontré un gimnasio que me gustaba y fui asidua casi dos años.  Pero delgada nunca fui. Me gustaba comer y cocinar.  Mi peso promedio era de 64 kilos aunque una nutricionista que vi una vez me dijo que estaba con sobrepeso y nunca más la visité.  
Durante el peor período de mi estadía en cama llegué a pesar 56 kilos y me asusté. Eran 15 kilos menos que mi peso normal,  pero al salir de la cama y aliviarme con los bloqueos lumbares, pude dejar el tramadol que me provocaba las náuseas que me impedían comer. 
    De esos 56 kilos a los actuales 80 hay un largo trecho. Cambié de especialistas, hice terapia psicológica, agregué varios medicamentos y volví a la cama. Como el aumento de peso debido a la inactividad me empezaba a preocupar, comencé a cuidarme pero sin sospechar que era tanto. Dejar de comer, como me sugirió mi doctor, no puedo porque me invade la gastritis que desarrollé debido al exceso de medicamentos.  Créanme,  ya lo intenté.
    Ahora el desafío se triplica. El sobrepeso exige más esfuerzo de la zona lumbar y me provoca más dolor, así que adelgazar no es más un problema estético sino de urgencia inmediata. ¿Cuál de los nueve medicamentos que tomo puede haber contribuido? Y esto es una ironía que me hace reír: si tomó nueve, es probable que los nueve.
    En fin... porque tampoco quiero hablar toda la mañana sobre esto, mis planes son redoblar el cuidado con la comida y evitar el consumo de azúcares y gaseosas, o sea, nada muy diferente a lo que venía haciendo. Y volver a pensar en la compra de un caminador ya que salir a caminar por las calles de mi ciudad está descartado. 

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